Día 156 – Regreso (13/02/2013)

Ya está.

Me voy.

Pensé que sería más sencillo, especialmente hace seis meses allá por otoño de 2012 (qué rápido pasa el tiempo y cuán irónicamente lejano parece aquel viaje en avión el 11 de septiembre), superar el trago de irme. De regresar por fin.

Cuando estaba solo con Luis en un pueblo desconocido cuyo país e idioma conocía solo a medias, cuando todo de repente se me había quedado tan lejos del alcance de la mano, todo daba la impresión de ser eterno. Que todo lo que querría durante semanas y semanas y semanas sería volver a casa. De que posiblemente el frío, el tedio y el estar solos fueran una dura prueba que habría que aguantar hasta que un día, mágicamente y tras una cuenta atrás que se me haría eterna, fuera hora de volver. Sabéis que nunca he sido muy optimista en general.

Y ahora, ¿qué? Ahora, medio año más tarde, me encuentro frente a la realidad de que ni el frío ha sido algo tan insufrible, ni el tedio ha aparecido más de un par de veces (hola, exámenes, ¿qué tal?), ni la soledad ha hecho acto de presencia. Tras una semana escasa en la que estuvimos aquí prácticamente solos, abandonados frente a la realidad (“¿qué hacemos nosotros aquí?” nos decíamos en ocasiones, aún sin asimilar nuestra situación), conocimos a un montón de gente. Gente con la que tuvimos roce, gente con la que no, que ahora son conocidos y amigos, que son una parte tan importante de mi vida como todas las demás, sino más que algunas de ellas. Y ahora, camino de Múnich para coger un avión, me doy cuenta de lo que supone todo esto, irónicamente. No volver a ver más a muchos de ellos implica que… no los volveré a ver. Con suerte podré reunirme pronto con algunos. Con otros más tarde que pronto, en el mejor de los casos. Muchos se irán borrando de mi memoria, poco a poco. Aparecerán en actualizaciones de Facebook que miraré de pasada, o en experiencias que me contarán vagamente por algún chat, o simplemente en recuerdos al ver las fotos y las cosas que traigo conmigo. Porque me llevo una maleta cargada de ropa, pero lo que pesa no es el lo que se puede pesar con una báscula.

Me llevo una maleta cargada de momentos, de emociones y de recuerdos, que son lo que más pesa de todo. Lo que más pesa porque es lo que más me va a dar que pensar, lo que más tristeza me va a dar abandonar, y lo que me produce el mayor nudo en la garganta. El nudo en la garganta que llevo sintiendo desde que supe cuándo me iría.

Como decía, hace seis meses me habría sido impensable pensar que el volver a casa se convertiría en algo tan agridulce. Vuelvo a mi ambiente, a mi gente, a lo que me es conocido, pero dejo atrás algo mucho más complejo. Atrás dejo el haber vivido por mí mismo, conviviendo prácticamente día sí y día también, con una pandilla de absolutos desconocidos. Y me he traído una familia de amigos que jamás podré olvidar. Es una sensación increíblemente amarga.

Estos días, ademas, se me han hecho muy extraños. La gente se ha ido yendo. Pocos, pero se han ido (por suerte o por desgracia he sido de los primeros). Las despedidas eran casi banales, como si nos fuéramos a ver a la mañana siguiente. Y hasta hoy mismo no me he dado cuenta de que no es tan sencillo. El nudo en la garganta era un tabú que mi cerebro prefería evitar. Y vaya si lo ha evitado. Ahora me espera una organización en la que empezaré mis prácticas, un grupo de amigos de los que una gran cantidad sigue en el extranjero, y una larga primavera para asimilar que Alcalá no es Kempten. Que aunque planee reunirme con la gente, más o menos lejos, más o menos pronto, estos meses ya son pasado, una época cerrada, y ya toca empezar a hacer algo más que aplicarse el carpe diem.

No sé qué será de mi vida a corto, medio ni largo plazo, y posiblemente no cierre este blog hasta que el Erasmus no sea más que un recuerdo medio borroso que me traiga una sonrisa a la cara o me humedezca los ojos. Hasta entonces, espero que me sigáis leyendo en alguna ocasión cuando tenga algo que contar sobre cómo me siento. Hasta donde sé, la depresión post-Erasmus existe, y ya la empiezo a sufrir.

Ojalá hubiera podido quedarme un poco más.

Un abrazo a todos, y auf wiedersehen, Kempten, que acabo de irme y ya tengo ganas de volverte a ver.

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Día 141 (29/01/2013)

Ya estamos acabando enero. Quién me iba a decir en septiembre, aquel 11 de septiembre, que iba a llegar hasta aquí y en las condiciones en las que he llegado.

No quiero extenderme mucho hoy: prefiero dejar la chicha para cuando haga la última entrada.

Sí, no planeo hacer muchas más entradas antes de irme, a poder ser ninguna antes de estar camino del aeropuerto el día que me vaya. Porque sí, ya tengo los billetes de vuelta a España. Los he cogido hace un par de horas, y en el momento en el que guardaba el PDF en el ordenador, para imprimirlo mañana, me he dado cuenta de lo que significaba: que ya va a tocar empezar a hacer las maletas.

Que esto se acaba, señores, y nos quedan cuatro días contados.

El día 13, maletas en mano, cogeré un avión en Múnich por la tarde para llegar a Barcelona por la noche. Y entonces no volveré a pisar Kempten, ni Alemania siquiera, como estudiante Erasmus. Si vuelvo, será como amigo, como prófugo, o como estudiante sin más, pero no volverá a ser como Erasmus.

Y aún estoy empezando a asimilar esa idea. Miro atrás y soy capaz de sacar algunas conclusiones, pero la única que alcanzo a comprender del todo es que esta entrada es el principio del fin.

Mi regreso a España ya no es algo abstracto e indefinido, sino que ya es un hecho, ya es una fecha concreta. Muchos de (los que ya son, inevitablemente,) mis amigos se van a España a pasar un par de semanas de vacaciones antes de que yo me vaya, lo cual es de agradecer: de esa forma no tendré que asimilar la idea de golpe. Según vayan sucediéndose las despedidas iré aceptando la idea de que hay gente maravillosa a la que posiblemente no vuelva a ver nunca. Se me hace un trago bastante duro de digerir.

Me llevaré recuerdos en la maleta, más que otra cosa, y espero que un papel que diga que he aprobado todo y que me he comportado como una persona de bien en Alemania (aunque eso solo sea relativamente verdad).

Pronto me leeréis de nuevo, espero, y algunos volveréis a verme. No me queda otra que aprovechar el poco tiempo que me queda aquí para exprimir cada momento.

Auf wiedersehen!

Día 128 (16/01/2013)

Estoy un poco perdido en el tiempo y en el espacio y en la Internet ahora mismo.

Es extraño, tengo la sensación de estar en un punto en el medio de algo, como estancado. Por un lado aún estoy acostumbrándome (aunque haya pasado ya más de una semana) al hecho de haber regresado a Kempten, pero por el otro estoy como convaleciente, sabiendo que me queda nada y menos aquí. Ya hemos hecho varios exámenes (espero que hayan salido bien, que uno nunca sabe qué esperar aquí) y aún nos queda alguno más. Acabaremos las clases el 8 de febrero, pero hasta el día 22 como mínimo no sabremos nuestras notas.

No tengo mucho que contaros acerca de estos días atrás… salvo, claro, el día 8. Ese día. Ese día fue horrible, simplemente. Aparte de todo el estrés y los nervios de tener que coger un avión sabiendo que la hora de llegada estaría muy cogida por los pelos, la noche se complicó ligeramente. Vayamos por partes:

En primer lugar, nada más facturar la maleta, la chica de Iberia me dice que tiene malas noticias. Que hay overbooking y a lo mejor me toca quedarme en tierra, porque soy el último en la lista de espera. A lo mejor me toca irme en el avión de por la mañana. “Muy bien, señorita de Iberia, me acaba de dar usted la noche” pienso yo. Y en qué hora decidí tratar de subirme al avión. Tras estar esperando a que acabase el embarque nos comunica la mujer al cargo que hay una plaza libre, y que podemos optar a ella todos por orden: los primeros son una familia de 3 que evidentemente no se va a quedar separada, unos en Madrid y otros en Múnich, hasta el día siguiente. Los otros son una pareja que lleva un par de gatitos en sus respectivos transportines que, como se quieren mucho, deciden quedarse ambos en Madrid. La opción está clara en ese momento: David sube al avión sin más ni más, aunque el avión salga y vaya a llegar con retraso.
Adivinad, para seguir completando la noche, qué o quién no subió al avión.

Os doy unos segundos para pensarlo.

En efecto, lo que no subió al avión fue mi maleta, que se quedó en Madrid esperando a ver si inventaban el teletransporte. Tras cosa de media hora esperando en Múnich, la maleta decide no aparecer. Según me informan en atención al cliente, la maleta se ha quedado en Madrid y, junto con varios Erasmus de diferentes partes de Alemania, me toca esperar a que me la manden tras rellenar un parte y el consiguiente disgusto.

Muy bien, David, estás en Múnich. Estás sin maleta y tu avión ha llegado tarde…
…Oh, mierda.

Adivinad qué se escapó mientras el avión llegaba tarde y la maleta no salía y la señorita de atención al cliente, majísima, imprimía el parte.

Para más inri, como es de esperar, perdí el tren que me llevaba del aeropuerto de Múnich a la estación central y, por consiguiente, el último tren de la noche que me llevaría de dicha estación hasta Kempten im Allgäu. Toma, pleno, genial.Tirado en Múnich a las 11 de la noche (que es como si te encuentras en mitad de Madrid a las 3 de la madrugada) sin maleta y solo con una bolsa de deporte donde llevo mi portátil, un pijama y las zapatillas de estar por casa. Planazo nocturno.

Por fortuna, los chicos consiguieron encontrarme desde la residencia un hostal barato donde dormir esa noche, literalmente al lado de la estación, y aunque tuve que dormir en la misma habitación que un alemán, no puedo decir que no me viniera bien: dormí en cama cómoda, hablé un rato con un alemán y pude coger sin problemas el primer tren de la mañana.

Solo recuerdo que llegué a casa con un cartón de zumo y unas galletas para desayunar y que casi muero de placer y relax en la ducha. En cualquier caso, esto ya está superado. La maleta llegó anteayer a casa (justo antes de que saliera camino de la universidad) y la comida que traía no solo no se ha puesto mala, sino que además está buenísima. El roscón que traíamos se ha volatilizado en una orgía de hambre, nata y destrucción, y la ropa vino toda entera y sin problemas.

También me gustaría comentar que, pese a que aquí normalmente hace un frío del carajo (porque el grajo vuela bajo), durante los días entre nochevieja y nochebuena las temperaturas rondaron los 20ºC. No los -20ºC, no. Los 20ºC. Mientras yo en España me moría de hipotermia. Y ahora vuelvo yo y empieza a nevar otra vez.

Valientes hijos de Satanás.

Espero que de aquí a algunos días tenga noticias más positivas que dar, como por ejemplo resultados de los exámenes o nuevas aventuras. ¡Esperadme hasta entonces!

Auf wiedersehen!

Día 118 (06/01/2013)

Vaya, pasaba yo a limpiar el polvo por el blog y me he dado cuenta de que llevo un mes sin contar ninguna aventura. Os diría que parece mentira, pero seguro que si os digo que es porque llevo desde el día 16 en España, me perdonaréis. Para muchos no será nada extraño, ya que seguramente me hayáis leído a través Twitter o hayáis visto mis fotos en Facebook. De hecho, seguramente muchos ni os molestéis en leer esta entrada porque no diré muchas cosas nuevas ni sorprendentes.

Como decía antes, llevo desde la noche del día 16 en España, y he estado muy ocupado siendo cebado por mis padres. Estas semanas han supuesto días y días de reencuentro, de las mismas respuestas a las mismas preguntas una y otra y otra vez, pero han sido gratificantes aunque me pareciera algo pesado de llevar. También he gastado los días en solucionar diversos temas relacionados con la carrera, como el TFG, las prácticas o la graduación. Además, el factor hacer el vago ha sido determinante.

Estos días me ha hecho una muy esperada visita Sara, por lo que estos últimos días además he estado ocupado en… cosas… ya sabéis. La nochevieja en casa fue, para mí, única, y haber salido después con David y Sara, aunque fuera un rato, me dejó contento para varios siglos. Además, todas las reuniones-reencuentro han sido muy positivas, porque todo el mundo tenía aventuras nuevas que contar.

Ahora toca empezar a hacer la maleta, puesto que la noche del martes estaré de nuevo, en teoría, en Kempten. Aborrezco el viaje, maleta arriba y maleta abajo. Poco después, el jueves y el viernes, tendré tres exámenes para los que ya he empezado a repasar. Y cuando acabe con ello, habrá que volver a leer La Metamorfosis para empezar a trabajar en el trabajo de fin de grado. No tengo ganas de hacer una cosa ni la otra, pero es lo que hay. Aunque ya tengo ganas de volver a Zugspitz, o de quejarme de las cuestas o del frío, siendo sincero.

Más allá de eso, solo queda enero y una parte de febrero para volver a pisar tierras españolas permanentemente. Y no sé si la idea me alegra o me disgusta, pero de momento lo que toca es aprovecharme estos dos días que me quedan y disfrutar cuando vuelva a Alemania lo poco que me queda.

Un abrazo a todos, feliz Navidad (lo que queda de ella) y auf wiedersehen!

Día 88 (07/12/2012)

Las semanas se pasan volando. Poco a poco nos vamos acercando a fechas señaladas (tanto las de diciembre como las de febrero) y empiezo a entrar en ese conflicto interno que a la vez me da ganas de irme y de quedarme.
Por un lado estoy acostumbrándome a la gente, y cada vez me doy más cuenta de que me será complicado adaptarme a no tener algo que hacer en algunos momentos, o a sencillamente tener un sitio al más puro estilo del Central Perk en Friends (en este caso cualquiera de las cocinas de la residencia) donde ir un rato, o cinco minutos, o perder toda una noche y una madrugada teniendo que ir a clase a la mañana siguiente. Eso será duro de sobrellevar.
Echo de menos, por el otro lado, España. En sí misma. Es un país de mierda, pero ahí está mi gente, ahí está todo lo que tengo y lo que soy y lo que me define. Y el sol. Oh, el sol. Podría vivir sin mi gente, sin mis cosas… si hubiera aquí 10 grados por encima de los 0ºC en lugar de 10 grados por debajo. Porque a pesar de lo que pueda parecer, aquí hace muy buen tiempo:

Demostración de que hace muy buen tiempo

Demostración de que hace muy buen tiempo

Resulta complicado no salir en bermudas a la calle con este tiempo, desde luego.

Que sí, que la nieve es muy bonita pero aquí hace un frío infernal. Que no me quiten el sol. La semana pasada nevó durante un par de días sin parar y aún ahora cae algo de nieve por las noches. El resultado es el que podéis ver justo aquí arriba: nieve. Nieve sin más. Nieve por arriba, nieve por abajo y nieve debajo de los párpados. Nieve hasta en los calzoncillos. Y máquinas quitanieve por aquí, y perritos saliendo a pasear con carámbanos por allá.

Esta semana hemos tenido visita y no hemos parado. Hemos ido de billares, hemos cenado aquí, hemos cenado fuera (el tailandés es una de las cosas que más de menos voy a echar) y también hemos muerto de hipotermia, cubiertos de nieve hasta las cejas. También hemos aprovechado para probar cosas alemanas de esta zona como las currywurst (salchichas con ketchup y curry de toda la vida), que ya había probado en Berlín; el Glühwein, un vino dulce calentito calentito, perfecto para los días invernales alpinos; o el Leberkäse, que es carne aunque aún no tengo muy claro de qué ni de dónde (aunque es como una especie de pasta de carne convertida en embutido; el nombre significa literalmente “queso de hígado”).

Los últimos exámenes antes del año que viene empiezan a sucederse sin dejarnos mucha tregua. Dentro de poco estaremos de nuevo en España, por lo que aprovecharemos para descansar, para recargar las pilas y para solucionar algunos asuntos pendientes (relacionados con el Trabajo de Fin de Grado y las prácticas). Pronto, cuando las temperaturas bajen aún más, no tendremos cuerpo ni para salir de la cama, así que aún me intriga cómo lo haremos para ir a hacer los exámenes o ir a clase cada día. Tocará apechugar, como se suele decir.

Poco a poco todo avanza, y no sé si eso es bueno o es malo. Yo es que siempre he sido muy de preferir el sedentarismo. Solo espero que el síndrome post-Erasmus no sea tan real como me negaba a creer durante los primeros días. El futuro dirá en qué acaba esto.

Un abrazo a todos y auf wiedersehen!

Día 80 (29/11/2012)

Cómo pasa el tiempo. En cuanto me descuido, ya llevo más de una semana sin publicar nada. También tendrá que ver que esta semana ha sido un poco frenética. Hemos tenido fiestas, hemos tenido ajetreo, hemos tenido… de todo, en resumen.

Ayer celebramos el cumpleaños de Emilio, preparando una yincana por toda la residencia con ayuda de los Erasmus de otras partes del mundo: tuvo que comer un chili, cortesía de nuestro hindú personal Kirit, o cantar una canción en polaco por orden de nuestras polacas, por ejemplo.

También, durante la fiesta de cumpleaños de otro de los chicos de la residencia, hubo una pelea donde por fortuna solo salió malparado uno de los involucrados en ella. Fueron momentos de tensión, pero son anécdotas que le dan algo de interés al día a día.

El tema de la universidad ya va viento en popa. Tras un momento de colapso absoluto con el tema de las prácticas, vamos avanzando en cuanto al Learning Agreement y al regreso a España. Es un poco triste ahora que lo pienso. Hace casi tres meses me quejaba porque estaba solo, y ahora mismo estoy tan arropado que me voy a quejar por volver a España. Al principio pensaba que la depresión pre-Erasmus sería más gorda que la post-Erasmus. Ahora tengo la certeza de que será completamente al revés. Echaré de menos, ante todo, a la gente de la residencia. La residencia en sí misma, con o sin fiestas pero con ese toque hippie de estar una docena de personas reunidas en una cocina, charlando o haciendo el cabra.

Mañana vendrán dos visitas desde Cuenca, así que tendremos que empezar a planificar la semana para hacer cosas interesantes. De entrada iremos este sábado a Múnich (si la nieve nos lo permite). Porque esta mañana ha empezado a llover suavecito, sin violencia… pero ya está todo lleno de nieve. Y en teoría seguirá todo así hasta finales de la semana que viene. Me he planteado como meta luchar contra la hipotermia, y pienso ganarle la guerra pase lo que pase.

La semana que viene tendremos un par de exámenes antes de volvernos a España a pasar las navidades. A ver si antes de irme puedo hacer otra entrada contando algo interesante (si es que algo de lo que me pasa puede ser considerado como tal).

Os leo pronto, y auf wiedersehen!

Día 71 (20/11/2012)

La vida de estudiante se empieza a combinar con la vida de pseudo-emancipado, dando resultados extraños.

Por ejemplo, este fin de semana hice mi primera tortilla de patata (pausa breve esperando los aplausos) e hicimos nuestras primeras croquetas (más aplausos). Y Luis hasta hizo unos espagueti tremendos con una salsa mágica de cebolla y queso. Es sorprendentemente sencillo cocinar sin utilizar fetos triturados. Siempre pensé que sería mucho más compicado así.

Escribo esta entrada desde la biblioteca. No tenemos acceso al WiFi de la Hochschule (la universidad de aquí, la que no es la nuestra), pero esto está bastante bien: enchufes en el suelo con unos embellecedores preciosos, suelo enmoquetado, mesas tranquilas, bonitas y ergonómicas, café barato… Ahora mismo he avanzado todo el trabajo posible, pero creo que de aquí a poco empezaré a venir para trabajar con Kafka y La Metamorfosis para el Trabajo de Fin de Grado. También hemos comido en la Mensa, que personalmente me parece un avance tecnológico importante. Por 2,50€ me he comido unos macarrones con algo que picaba un poco y una salsa que no he llegado a reconocer. Si bien no eran la panacea, me ha parecido muy digno de ser tenido en cuenta. Además está justo debajo de la biblioteca, por lo que no hace falta matarse a andar para ir a comer.

También hemos tenido un par de exámenes más, pero esta vez han sido mucho más satisfactorios. El examen de Alemán-Español fue pan comido (aunque pienso que la profesora nos regaló la nota) y tuvimos un 1, y aunque en el de Alemán-Inglés tuvimos algunos fallos tontos, salimos del paso con un 2 del que sentirnos orgullosos (ya que trabajamos con dos lenguas extranjeras). Antes de que la gente se traumatice y empiece a escandalizarse porque nos sintamos orgullosos de unas notas tan “bajas”, hay que matizar que el sistema alemán es diferente del español: en Alemania, la nota máxima es un 1 y la mínima un 6, mientras que en España la máxima es el 10 y desciende hasta la mínima nota, que es el 0. Echad cuentas vosotros, que yo estoy vago.

Poco a poco se va acercando la Navidad. El frío comienza a volverse duro poco a poco, con algunas treguas de varios días iluminados por un sol impotente (por el que Pelé o la viagra poco podrían hacer, tristemente). Los días duran únicamente hasta las 5 de la tarde, hora a la que ya hace un rato que ha empezado a anochecer. Solo os diré que dentro de dos minutos serán las 5 y el cielo tiene un tono añil oscuro y que, para nosotros, ya es casi hora de merendar-cenar como si fueran las 8. Esa es una de las grandes pegas de este país. Me quejaría del frío y la niebla, pero al primero me empiezo a acostumbrar y la segunda me resulta divertida y misteriosa a la vez.

Empiezo a darme cuenta, por cierto, de que realmente echaré de menos todo esto. El concepto de la comuna hippie en la cocina, momentos como el rapado de Pedro o las partidas de juegos absurdos de beber. Y la gente. Oh, cómo echaré de menos a la gente.

Pronto recibiremos visita por estos lares, por lo que espero traeros nuevas y divertidas aventuras aparte de estas.

Un abrazo y auf wiedersehen!